samedi, janvier 06, 2018

El Faro de Pen Men



El faro de Pen Men vigila las tormentas atlánticas babeando sal
como un condenado al frenesí bestial
de las rocas lavadas en el líquido de su rabia.
Eyaculan el pájaro de los dominios entreabiertos de la tierra
y vuela entre las láminas de sal que se despegan del cielo.
Se lanza en eléctrica caída
para detonar la cerradura submarina.
Aquí los hombres no tienen más remedio que dejar al trueno vaciarles la sangre por algunos segundos y enrollarles el horizonte en las órbitas oculares, así ellos caminan, deslizándose sobre olas y hablan con el perfume de las tormentas.
Aquí no hay sombras de dioses,
no es una escena de « El Sacrificio » de Tarkovsky,
es un puño tras otro en el rostro huidizo de un pájaro
que sobre los bunkers se emborracha de luz y viento.
La incandescencia de la espuma ha marcado al faro,
lo ha dejado fuera de todo escenario,
en el desmemoriado revoltijo de algas que va de paso
y que nos deja, al faro y a mí,
olvidados.

mardi, décembre 19, 2017

aeropuerto aliento



En la confusión de ángulos
cubiertos de polvo,
de líneas en el baño, de ventanas paralíticas
y de la maravilla del sueño que graniza los labios,
cada mañana
el gas dado, el decorado informático amordazado,
el sexo despejado en su savia,
abro las cortinas,
entonces comparto mi aliento
como un aeropuerto en la ciudad.





repos, N. Folch

mardi, novembre 07, 2017

los pasos de la máquina



Nos han dado el pan del silencio
y los pasos de la máquina que parpadea luces,
solo luces resuenan al fondo de los basurales
por donde corren pelotas y victorias rabiosas.

samedi, octobre 07, 2017

bajo las estrellas



Hoy llegué bajo las estrellas sin pedirlo
al aniversario de mi abuela, a la reunión de familia
con dulces en los bordes de las ventanas
y alcohol para dar sombra a las cabezas.
Los primos rompen papeles de regalo,
las rejas quedan abiertas a los perros de medianoche
cuando el último tío abandona el desorden de migas del comedor.
Hoy llegué bajo las estrellas
que desfloraban la tranquila marea de la bahía,
los amigos se dan la mano y besan
desayunos musicales, cabezas de pesacado cantan,
sobre cajas de madera sus cuerpos aspiran el humo de los barcos,
el café espera humeante, la ropa escribe unas gotas en las panderetas,
las ventanas abren la sinfonía del sueño estilando en las cocinas.
Hoy llegué bajo estas estrellas, sin pedirlo,
las mercancías llegan, etiquetar, escoger :
¿ Con o sin sal ?, ¿ Bio ? ¿ Azul con rayas gris o al revés ?
¿ Recuerdas a qué hora despertaste hablando de tus abuelos ?
Bipear el precio del vino, que pasa de ojo en ojo a las pantallas,
de pantalla en pantalla, de cámara a cámara, de teléfono en teléfono,
el precio sube, escala estantes, se desliza por pasillos, salta techos,
los presos lo admiran.
Las botellas se acumulan sin que nadie las abra,
los presos beben el aire y sus heces.
Hoy llegué bajo estas estrellas, sin pedirlo,
los discos repiten la nota, el rap se repite el verso,
como una rata en trance que espera ver crecer plumas a su cola,
algunas mueren de pena encerradas en casas señoriales,
otras caen desde las garras de los pájaros y vuelven a mezclarse al barro.
Grandes verdades registra un poeta
para mendigos novicios, su voz es de rata entre olas
que esconden las señales banda ancha, el aullido es estéril,
el grito no lo emiten las máquinas que perforan las estrellas
unden su antenas en la bahía, proyectan una masa líquida de sueño,
otra cosa surge entre los aplausos que se hunden en el fondo oceánico,
es el silente nervio de la locura que hace « click » de vez en cuando
se estaciona frente a los puertos e irradia ciberespacio,
luz para distinguir las masas encefálicas y clasificar sus miedos desparramados
entre los senos redondos y numéricos de Roccaforte o Angel Black.
Sin pedirlo hoy llegué bajo estas estrellas,
las montañas lavan su rostro perleado de trasnoche
y lo extienden sobre los llanos
donde el indígena calienta su aburrimiento con un mate de coca
y se pregunta sobra la « A » que un turista rayó sobre la roca
camino a los pastizales,
una estela de rieles oxidados los atraviezan y guían al final carbónico,
los maquinistas pasan en fila rumbo al cine,
sus ombligos proyectan cumpleaños familiares
y sus bocas abismales son cajas de resonancia
que reproducen el grito de guerra de un niño en un tunel
envuelto para regalo.
Al final del tunel nada extraordinario acontece,
La luz inunda el vuelo de los pájaros que el tren espanta.
¿ Por qué debiera pasar algo extraordinario ?
La luz no enceguece a ninguna bestia,
las ratas juegan bajo el sol,
alguien, una voz en la puerta del tunel
dice a las familias reunidas :
« Sepárense ».


(Caen, 30-04-2016)

jeudi, septembre 07, 2017

El brillo



En el brillo de mesas desparramadas, The Buzzcoks quemaba los parlantes y la poesía no cedía el lugar a nadie.