samedi, octobre 12, 2019

repetición incantatoria


Si en el lenguaje poético, la repetición manifiesta una resistencia a la pérdida del orden simbólico, como lo señala Kristeva, en el lenguaje político, manifestaría simplemente una resistencia a la pérdida del control jurídico del lenguaje ? Miedo de perder el efecto incantatorio ? A mayor repetición (como el del orden binominal en los discursos) mayor temor.

vendredi, mai 03, 2019

cuando merodea (fragmento parte 2)


Saco cuentas del fenómeno este, porque desde hace poco me encuentro en la extraña situación de vivir en Vietnam; país donde es casi seguro que por el doble de tiempo no me toparé con nadie que me reconozca siquiera el acento ¿Quién viene a Vietnam? He conocido a muchos extranjeros en este país, a la excepción de algunos cubanos, ninguno que venga de Latinoamérica. Tan lejana resulta la evocación para nosotros, los sudamericanos, que simplemente terminan por escribirme “¿Qué tal te va en Indonesia?” o “Espero que mandes fotos de chinitas”. La región es una nebulosa geográfica. Incluso para los vitalicios del club de fans de Pablo Neruda, la estadía consular del poeta en Birmania, Ceilán, Java y Singapur ha contado como una anécdota apenas importante. Aspecto que no me interesa mucho, puesto que no pertenezco a dicho club. Pero, me doy cuenta que es así como he pasado a ser un amigo anecdótico, el que está en un país raro, uno que huele a escenario holywoodiense para películas del soldadito enviado por el “Tío Sam”. Ya no soy el amigo poeta y fotógrafo, ahora soy el que está “¡Quién sabe dónde chucha!”.

jeudi, mai 02, 2019

cuando merodea Antonio Citron, el océanico

(esta cronica, de la que aqui se da solo el fragmento inicial, fue escrita por Antonio Citron en Vietnam y publicada en la revista de letras y artes marciales Hermano Cerdo del 2007, año del perro)


Un Oceánico en Quién Sabe Donde

Por Antonio Citron.

Hoy vivir lejos puede pasarle a todo el mundo, ya no es más patrimonio exclusivo del exilio político, de acuerdo. Dentro de esta lógica, nada extraordinario toparse con gente que, luego de unos cuantos minutos de haberse presentado con un raro acento, te diga “Oye ¿Pero tú no eres….?” o “No sé de donde, pero tu cara me dice algo”. Es decir, no solo ya no eres el único lejos de tu casa y cerca de tu pasaporte, sino que además, toman el mismo atajo que tú los que vivían en el barrio de la infancia, en la ciudad donde estudiaste, en el edificio donde tenías a una novia, etc.

Un día sales por una de esas calles con nombres que no te dicen nada — únicamente, que no estas progresando mucho en el nuevo idioma — y se cruza por tu camino uno de ellos o de ellas. No insinúo que sea malo o desesperanzador encontrarse con un rostro familiar en el extranjero. Conozco la experiencia y sé que somos muchos en compartirla. El encanto sufre una trizadura, pues te han traído en cierta forma tu casa, que es lo único que asegurabas haber dejado atrás. Te creías el aventurero, casi con látigo y cuchillo al cinto y alguien se acerca y te explica que solo saliste al jardín de la casa. O al parque de abajo, para los de visión departamentezca como yo.

Sin embargo, encontrarse con alguien del barrio o del “villorrio” como decían algunos poetas, también tiene sus efectos benéficos, o sea, un vino descorchado del país, unas bromas sin necesidad de traducción, de preferencia cochinas y malas que una complicidad difícil de recuperar en calidad de bárbaro, las hacen valer oro. Una noche de despilfarro bien aprovechada, con la certeza cínica de que es solo una noche y nada más; que en mucho tiempo más no escucharás los nombres de gente que otra vez olvidarás (Porque el olvido es cosa seria ahora, no se rían) Esto puede ocurrir, o al menos a mi me ha ocurrido, una vez por año más o menos.
sourire dans la montagne, N. Folch.

lundi, mars 18, 2019

golpe de cortinas


Se desliza boca abajo
un día que no acaba
el cansancio y el placer de estirarse
bajo el reloj que cierra su engranaje
nervios carbonizados.

La oscuridad en llamas
con esta mi voz susurrando el sol de tu carne.

mardi, janvier 22, 2019

fragmento del "Cuaderno vietnamita"


Antes de salir por la misma puerta por la que entró, la futura mujer de negocios agregó “siempre delante de ese computador… ¡Ya comienza a cansarme!”. Pero nada, no me he movido de aquí — el frío me ha petrificado — desde que salió, hace veinte minutos, por la dichosa puerta que me separa del resto de la casa, del resto de la humanidad, de los regalos que se hacen las personas, del resto de lo que sucede entre los hombres que no es más que hacerle sombra a Diógenes. Estoy aislado. Para mejor o peor, me he puesto a escribir. Prendo un cigarro.

samedi, décembre 22, 2018

Antiguo Peru

El templo, Nicolas Folch 2017.



Con ramas de huarango
espantaban las moscas que crecían
sobre el pecho de sus muertos.
En las piedras del templo,
viejos curacas hacían el amor
con las viudas, y un sol enrojecido
achicharraba los huesos de sus hijos.