mardi, mars 20, 2007

ENTRE TANTA MIERDA...

19 marzo
ENTRE TANTA MIERDA...
Tanto vacío, vasos incluidos, tratando de llenar las culpas y designios de misteriosos caminos. Caminando y observando el miedo de los demás sin detenerme a introspectar lo que me pasa. Me vuelvo oveja entre tantos lobos sangrientos que quieren alimentarse de estos temores. Se derrama esta última copa de este momento y no sé que me queda para seguir bebiendo. Me destapo los sesos de ideas con mensajes cargados de incongruencias (que encriptadamente tienen significado)
Vuelvo a imágenes de templos destruidos y civilizaciones desaparecidas y no hay respuestas en la recreación. Intento mantenerme de pie en esta hora oscura, llena de tinieblas y pasos falso, llena de caminos sin final y pasajes sin salida.
Respiro, dentro de lo profundo que puedo después de dos cajetillas de cigarros sin filtro y siento un dolor por sobre el corazón. Y no quiero desplomarme, pero las lágrimas de los que sufren por mi demencia me tumban en mis lágrimas cínicas.
Fuerza dentro de tanta debilidad, afecto entre tanto odio diseminado, miradas de incomprensión entre tanta cordura innecesaria. La razón detiene la catarsis que necesito para despertar de esta complacencia y miles de puñales atacan mis pensamientos de seguir adelante.
Putrefacto, mordido por ratas hambrientas que no tienen compasión y que no escuchan mis gritos de ayuda. Solo, en esta eterna batalla por ser y vivir dentro de tanta mierda dispersa. Porquerías que salen de mi tarro de la basura y me tapan y ahogan sin control.
Por qué tratar de seguir adelante si todo es tan difuso y lleno de mantos negros que cubren la visión, se apaga la luz y la noche se expresa en su intensidad de cuentos de terror... No la culpo, es su escencia de la Madre Noche.
Círculos, loops y trenes sin vía que se destrozan en choques permanentes.

mardi, mars 13, 2007

Mandibula rota (apreciaciones para terminar un viejo cuaderno)

Ça fait deux jours que je me bats entre ce cahier (maintenant il a pris une étrange forme, comme celle d’une mâchoire cassée) et tous ces divertissements offerts par la technologie. Bien sûr, il faut considérer aussi les heures du travail ainsi que le livre de notes et de nouvelles inédites que je me suis acheté il y a trois jours de Jack Kerouac : Underwood Memories ; un très bon livre. Depuis deux jours, donc, j’ai cette sensation d’être nulle part, d’être en manque, non pas d’inspiration, mais de la seule chose qui concerne, je crois, un écrivain, et c’est la RIGUEUR. En plus, mon voyage au Viet-Nâm commence bientôt et je me suis mis en tête que je devais partir avec un nouveau cahier et en finir avec celui que j’ai commencé à Barcelone. Un jour après avoir eu cette idée, ma sœur qui habite à Chicago m’annonce qu’elle pense m’envoyer un cahier qu’elle a acheté pour moi. Une semaine après, j’ai reçu son cadeau : un beau cahier avec une couverture en vieux cuir et une poche intérieure pour garder tous mes petits vers. Ma femme dit à propos de cette histoire que je suis trop gâté. Peut-être. Néanmoins, je suis sûr que toute cette histoire n’est pas du tout un enchainement de coïncidences et, surtout, que ce type de cadeaux ne me pourrit pas l’esprit. Il me reste encore pas mal de pages blanches dans cette mâchoire cassée où j’écris; mais je monterai dans l’avion avec mon nouveau cahier, c’est décidé. Dans l’office de poète, si l’on y considère bien, il n'y a pas de doute quant à l’importance d’avoir à portée de main ce bosquet où l’on trouve le repos et le sommeil naturel, en sachant qu’au réveil nous pourrions manger les fruits offerts par les arbres et ainsi retourner à la civilisation. Si les poètes n’avaient pas ce recours aux gens qui les soutiennent ou à de bons livres qui forment ce bosquet, ils seraient forcés de devenir des idiots sans préoccupation pour les pièges de la technologie et oublieux de la grandeur vécue lorsqu'une page a été écrite avec honnêteté.

(traduccion personal al español)

Ya van dos días de lucha entre este cuaderno (ahora ha tomado una forma extraña, como la de una mandíbula rota) y todas las distracciones que ofrece la tecnología. Por supuesto que hay que considerar además las horas de trabajo, como también el libro de notas y novelas inéditas que me compré hace tres días de Jack Kerouac: Underwood Memories; excelente libro. Hace dos días entonces que tengo esta sensación de no estar en ninguna parte, de que me falta, no la inspiración, sino la única cosa que creo que concierne a un escritor, y esta es el RIGOR. Aún más, mi viaje a Viet-Nâm comenzará pronto y me convencí de irme con un cuaderno nuevo y de terminar este que comencé en Barcelona. Un día pasó después de haber tenido esta idea y mi hermana que vive en Chicago me anuncia que piensa enviarme un cuaderno que compró para mí. Una semana después recibí su regalo: un hermoso cuaderno con tapas de cuero envejecido y bolsillo interior para guardar pequeños versos. Mi mujer dice al respecto que yo soy muy regalón. Tal vez. Estoy seguro, eso sí, que esta historia no es únicamente una sucesión de coincidencias y que, sobre todo, este tipo de regalos no pudren mi espíritu. Aún me quedan bastantes páginas en blanco en esta mandíbula rota en la que escribo; pero subiré al avión con mi nuevo cuaderno, eso está claro. En el oficio de poeta, si se piensa bien, no hay dudas sobre la importancia de tener a mano un bosque donde encontramos el reposo y la naturalidad de dormir, sabiendo que al despertar podremos comer los frutos de sus árboles y luego volver a la civilización. Si los poetas no tuviésemos este recurso de gente que nos apoya o a los buenos libros que conforman este bosque, estaríamos obligados a volvernos unos idiotas sin preocuparnos por las trampas de la tecnología y con el olvido de la grandeza vivida luego de haber escrito una página con honestidad.

vendredi, mars 09, 2007

La moda de la memoria

 

para ver la foto bien, solo hay que hacer click sobre ella.

mardi, mars 06, 2007

Rodrigo Lira (1949-1981)

detalle de "Alegoría de la lujuria", Angelo Bronzino

 

De vuelta de un carrete, por San Diego a tempranas cañas, fui rescatado por el recuerdo de un poeta chileno. Me dije entonces que tenía que leerlo más, porque sólo tenía algunas fotocopias con sus textos, hojas que llevaba sin saberlo dobladas en el bolsillo de mi parka esa madrugada. Rodrigo Lira hizo poesía a lo extremista, llevaba una vida literaria o su vida se asemeja a una novela, algo por el estilo. Y escribió sobre ese estilo de vida loca, su vida, su poesía. El resultado: poemas que te salvan de manera discreta o cuando menos te lo esperas. Ezra Pound ya lo dijo, la conciencia jamás accederá a la esencia última de las cosas. Un lector de Hölderlin, el mismo que lea a Lira, por lo general, nunca dará con la naturaleza de sus textos. A lo sumo, se los cataloga de excéntricos y se vuelve a la figura del poeta para explicar lo que hay escrito.

Vuelvo a aquella noche, la de madrugada, mejor dicho, en calle San Diego, centro de Santiago. Estaba en la duda de si continuar caminando por esa avenida o de tomar alguna ruta más larga, pero más segura. El riesgo de ser asaltado en el estado etílico en el que estaba amplificaba cualquier ruido. Entonces me topé con esas hojas mal dobladas, ajadas, en mis dedos que buscaban calor. Las saqué y vi de qué hojas se trataba. Recordé que en San Diego, Lira, había pasado bastantes jaranas junto a algunos de los poetas de la época. Leí: “entre ambos antros, en/ la tercera bocacalle de / San Diego,/ el asaz más económico/ café Manhattan. Pase, suba/ al segundo piso, pida/ un café, una coca- cola/ o un trago y vean/ ondular los senos/ de la estatua de/ la libertad,/ cómodamente,/ -parado-“ (se trata de un texto escrito a tres manos, junto a Antonio de la Fuente y a Roberto Merino). Me bajó entonces esa estúpida idea de arriesgar un homenaje a Lira por esa calle ¿Cómo no iba a recorrer yo, las cuadras que me restaban por esa avenida? El juicio es en todo carente de fundamentos y de neuronas. Una idea carente de lo que algunos llaman “un aire razonable” o peor, “sentido común”. Pero hay que ver: de madrugada, después de una fiesta, alcohol y otras pepas en la sangre … De todos modos me salvé. Pude llegar a mi destino. Al día siguiente, narré mi regreso, de lo que me acordaba, a una amiga. Era una lectora de Lira y después de escuchar lo que le conté, me besó. Para probarme que ella entendía de lo que le hablaba, me citó uno de sus textos y dijo : “araña come al araño”. Y así fue.

jeudi, mars 01, 2007

comienzo de la serie

I

L’homme défait son passé

à coups de pieds

en plein milieu du rock.

"reivindicación" N. Folch

 


I (trd.)


El hombre deshace su pasado
a patadas
en pleno rock.